La fórmula de la felicidad

     Es evidente que muy pocas personas utilizan su tiempo en analizar a profundidad dichos repetidos con tanta frecuencia que es inevitable memorizar: “Vive el hoy como si no hubiese mañana”; “ El tiempo perdido hasta los santos lo lloran”; “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” y así puede continuar la  interminable lista. Tras un breve análisis, se puede descubrir que estos refranes se pueden englobar en la famosa frase del poeta romano Horacio, carpe diem. Que cliché sería invertir tiempo en reescribir lo que muchos ya han hecho con propósitos reflexivos que no duran en la mente del lector más de quince minutos. El objetivo de este escrito no es generar una efímera reflexión, sino transmitir una profunda indagación acerca del tema.

   El ser mortales nos desanima a pensar en el futuro, por lo que carpe diem puede confundirse con tendencias erróneas (YOLO) que solo nos hunden en actos deshonestos que brindan felicidades momentáneas. Dado lo anterior, se debe reconocer que la aplicación de esta idea debe ser deliberativa, tomando en cuenta el futuro.  A simple vista, la correcta aplicación de la idea tiende a ser utópica, pero no lo es, al contrario, parte de la practica de la misma es tomar el lado positivo de los tropiezos y evitar repetirlos.

Sin lugar a dudas,  el carpe diem deliberado aparenta ser una idea normativa en su totalidad, pero existen ejemplos históricos de personas que la practicaron bastante bien. ¿No practicaron el carpe diem deliberado Sócrates, Platón, Aristóteles y otros grandes filósofos o teóricos en su vida para poder redactar sus teorías todavía influyentes?, ¿No practicaron el carpe diem deliberado Martin Luther King Jr, Mahatma Gandhi,  William Wilberforce, Edmund Burke y otros grandes personajes a lo largo de su vida para lograr grandes hitos históricos? Tras mencionar una  atómica parte de las personas que sí han aplicado esta idea, nos percatamos que es humanamente posible hacerlo.

Ahora bien, a pesar de que es arriesgado y casi imposible de verificar, podemos considerar que los practicantes del carpe diem deliberado, adquirieron un grado de racionalidad considerable. ¿La racionalidad no nos acercaría bastante a la correcta practica de la libertad, y con correcta me refiero a la justa práctica, donde cada quien recibe lo que merece? ¿Se podrá asumir que la puesta en práctica del carpe diem deliberado nos aseguraría nuestra libertad? ¿Actuar con libertad no nos facilita y asegura el cumplimiento del fin último, la felicidad? En pocas palabras, ¿Practicar el carpe diem deliberado no  nos haría en un gran grado felices?; por supuesto, la libertad siempre se puede ver afectada por terceros, pero la buena actuación te acerca más a conseguirla.  Al final, el carpe diem y los refranes dentro de él, no son tan simples como parecen, van mucho más allá, y si agregamos la deliberación encontraremos la fórmula de la felicidad.

Luis Ramírez

Imagen extraída de: http://www.scriptmag.com/wp-content/uploads/formula.jpg

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