De lo absurdo y lo feliz

Cochabamba, Bolivia

En El Extranjero, la novela más popular de Albert Camus, el filósofo francés nos revela gran parte de su weltanschauung (idea parecida al concepto de cosmovisión). En el inicio de esta novela, el narrador relata: “Hoy ha muerto mama. O quizás fue ayer. No lo se.” No quedan dudas respecto a la manera en que este escritor observa y comprende el mundo y la realidad a su alrededor. Lo que no es tan conocido, sin embargo, es la otra cara de la moneda. El mismo escritor que crea un icónico personaje indiferente ante la muerte de la Madre, demanda e impone un deber existencial para todo humano; ser feliz. Para Camus, la felicidad no es simplemente un deseo humano, tampoco una necesidad, es algo que va mucho más allá, es un deber moral. Es nuestra obligación como humanos encontrar el sentido en un mundo sin sentido. Como él mismo expresa en una publicación póstuma, con aquel estilo único al cual nos acostumbro, “… debemos obtener nuestra propia felicidad siguiendo un camino el cual, a pesar de todo, conduce hacia la muerte”. Esta frase es un resumen, una manera de entender lo que él denomina ‘El Absurdo’, una variante del existencialismo tradicional. El mismísimo Camus define el ‘absurdismo’ como aquella cómica distancia entre lo que uno desea y la realidad. La vida es parte de este gran Absurdo, la vivimos sin sentido, en un universo con postura increíblemente indiferente hacia los humanos; sin embargo, el ser está en constante búsqueda de sentido.

Claro está que Camus no es el primero ni el último en tener ideas de éste tipo (¿parte del Absurdo quizás?). Otro escritor conocido, Franz Kafka, expone una idea muy parecida a lo largo de su novela El Proceso. El padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud recuenta en un magnifico ensayo titulado Fugacidad un encuentro con el gran poeta austriaco Rilke. Este encuentro se da lugar en un espacio no identificado, pero sabemos que se trata de un paseo “por un floreciente paisaje veraniego”. Durante este paseo el poeta admira la belleza del lugar y el paisaje, empero, no se alegra a causa de ella, es más se entristece.

Rilke reflexiona y se entristece por la idea (conocida o no por el) de lo Absurdo. Lo deprime el hecho que toda la belleza que estaba admirando en ese instante, en algún otro instante del futuro estaría desvanecida. Toda aquella belleza estaba destinada a la extinción, al igual que toda la belleza y el esplendor que los humanos han creado o podrán crear algún día. “Todo cuanto él habría amado y admirado […] le parecía desvalorizado por el destino de fugacidad al cual estaba condenado”. Ante la aflicción del joven poeta, Freud nos recuerda que existen dos respuestas posibles, una es la de la depresión de Rilke, la otra es la rebelión ante este hecho. Para el psicoanalista, la depresión de su amigo por la inminente destrucción no es una reacción adecuada, discute que, por el contrario, la fugacidad de las cosas aumenta valor a la belleza pasajera.

En otro de los escritos fundamentales de Albert Camus, un ensayo titulado El Mito de Sísifo, el escritor y filósofo nos invita a reflexionar sobre las posibles ‘soluciones’ ante la inmensa carga del vivir, ante lo que Martin Heidegger denominaría el Dasein, el ‘ser-ahí’. Camus inicia el ensayo proclamando que existe solo un problema filosófico, el suicido, pues ¿qué otra salida existe ante un mundo y una vida tan insignificante? De ahí que aquel único problema filosófico se transforma en la manera de encontrarle sentido a lo que, por naturaleza, no tiene sentido. El suicidio, como argumenta el escritor francés, es una renuncia cobarde, por lo tanto es descartada, pues, volviendo a Freud, tenemos la libertad de la sublevación. Otra salida común ante esta absurdidad de vida es lo que Camus denomina el ‘suicidio filosófico’, o el anular nuestra capacidad de pensamiento critico. Este suicido es cometido de diversas maneras, desde cosas tan simples como el entregarse a una sociedad de consumo excesivo, hasta el ‘suicidio filosófico’ religioso, al entregarse a una ideología tan dogmática como es la religión, nuestra capacidad de razonamiento se ve sesgada, pues las respuestas nos son entregadas en bandeja de oro – vale la pena notar que otro filósofo, Søren Kierkegaard, diría lo opuesto, sostendría que ante un mundo tan absurdo como este, la fe en Dios es el único refugio que tenemos, un refugio que va más allá de la razón.

La novela anglosajona más importante del siglo XIX, Moby Dick, nos demuestra una de las mejores maneras posibles de rebelarse ante el Absurdo en una simple frase, “…una risa es siempre la contestación mas sabia y oportuna a cualquier problema…” Esta actitud no es más que una revuelta ante la absurdidad de la vida, y quizás, una de las mejores manera de hacerlo. A fin de cuentas, la insurrección, el encontrarle sentido a lo sin sentido, no es una manera de enfrentarse, es una manera de recibir con los brazos abiertos, y con una gran sonrisa al Absurdo. Es convertirse en Sísifo durante aquel minúsculo instante de libertad cuando el enorme peñasco que empuja ha rodado hasta la base del cerro y él se encuentra en la cima, observando, a pesar de ser ciego, los hermosos paisajes. Lo importante es que Sísifo tiene una sonrisa en la cara en aquel momento, a pesar de su absurdo destino.

Nicolás Ewel Claros

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One thought on “De lo absurdo y lo feliz

  1. Que rico viaje de la absursidad de buscar sentido a al sin sentido..me encanto Nico tu relato. Me gusto tambien la prosa…tu manera de expresar el suicidio filosófico…me sacaste unas cuantas risas…

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