El origen de la corrupción (1/2)

El gasto público no genera corrupción

Dividiré este artículo en dos publicaciones distintas para no aburrir al lector. Esta primera busca ver si el gasto público de hecho genera corrupción en un Estado. El título de por sí ya es programático, y el contenido no busca ser una aproximación ideológica al origen de la corrupción, más bien, busca ser una aproximación científica. Es fácil identificar el gasto público (como porcentaje sobre el PIB) como un factor primordial que explica la variable de corrupción. Hasta suena lógico: entre más gasta un Estado, más probabilidades hay de que los fondos se malversen y que sus funcionarios tengan acceso a ellos con la tentación a corromperse. Sin embargo, a la hora de medir ambas variables en un análisis de regresión lineal con datos extraídos del Índice de Libertad Económica que publica Heritage Foundation cada año, los resultados nos indican todo lo contrario.

Hice el análisis de regresión lineal con datos de 186 países que utiliza la institución arriba mencionada. Para comparar, tomé el indicador de “libertad de corrupción” y el de “gasto público como porcentaje del PIB”. A continuación presento una gráfica con el resultado del análisis:

 grafica 1 Edgar

Fuente: elaboración propia con datos del Índice de Libertad Económica

Cada punto en la gráfica en una observación (un país). El eje x indica el nivel de gasto público que existe en dicho país, así que entre más a la derecha se encuentre la observación más gasto efectúa el país. Sobre el eje y se clasifica el nivel de corrupción que existe en el país, luego cada observación se encontrará más arriba si es muy corrupto.

Se puede ver una pendiente en negativo, casi como que un país es menos corrupto entre más gasta, pero eso está por analizarse. Por lo pronto presento también el dato de R2, cuyo valor puede oscilar entre 0 y 1, siendo “1” un modelo perfecto que se ajusta a la realidad y por lo tanto completamente explicativo. Para las ciencias sociales, como son muy difíciles de medir estadística y cuantitativamente (aunque eso no descarta el hecho de hacer esfuerzos para aportar a la ciencia), un R2 de 0.1 ya es explicativo en función del modelo que se busca establecer. Para esta investigación, resultó un R2 de a penas 0.039, lo cual resulta ser nada explicativo. En pocas palabras, el gasto público no es una variable que explique la corrupción.

Para complementar la investigación, quité las tres observaciones que se encuentran más alejadas del origen cuyo gasto público es tan alto como sus niveles de corrupción. Una de las observaciones es Corea del Norte, la cual es evidente que no es un Estado a comparar con el resto del mundo dado su carácter totalitario. Los otros dos son Kiribati y Timor Oriental, y me declaro ignorante para explicar la situación de ambos países, pero invito al lector a hacer más investigación para aportar al eterno estudio de la corrupción. Una vez removidas esas observaciones, un nuevo análisis de regresión lineal resulta así:

 

grafica 2 Edgar

Con esta nueva gráfica vemos una inclinación más pronunciada en la línea de tendencia, y un R2 de 0.13, el cual se ajusta al modelo lo suficiente para ser explicativo, solo que en este caso, para relacionar la corrupción con un bajo gasto público.

Al final no se trata de decir que hay que elevar el gasto público para ser menos corruptos, la corrupción es un problema más complicado como para resolverse así de fácil. Sin embargo también se puede aportar a la ciencia negando variables que parecen explicativas, como en este caso lo es el gasto público para explicar la corrupción. No debemos caer en discursos ideológicos que asumen explicaciones como esta sin antes revisar los datos y establecer modelos científicos. Hay muchos otros factores que influyen directamente en el brote y desarrollo de la corrupción, y las reformas profundas tienen que apuntar a estos puntos clave.

En el siguiente artículo me dedicaré a indagar sobre el que creo yo que es la variable más explicativa de la corrupción: la profesionalización de la administración pública. Por lo pronto, dejo esta data para fomentar la investigación del asunto y colaborar a construir no solo modelos científicos que aporten a la academia, sino también fundamento empírico para la formulación de políticas públicas eficientes y viables.

Edgar Gutiérrez

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