Mi experiencia en Uber (1/2)

Me he subido a los taxis blancos en Ciudad de Guatemala y a taxis piratas en San Salvador; en ambos casos no me he sentido seguro. Me subí a un “taxi express” en Managua, en el cual el chófer me contó el problema con los “taxis ruleteros”, que básicamente suben a toda la gente que les quepa, terminando el recorrido muchas veces en asaltos. Usé una vez un taxi en San José, pero preferí movilizarme en transporte público porque tenía la impresión que los taxistas podían usar las rutas más largas para que el taxímetro me cobrara más. En México, me cobraron hasta más del doble de la tarifa usual luego de escuchar mi acento y darse cuenta que era un turista. En fin, el usar un taxi en Latinoamérica puede ser una experiencia no muy agradable.

Nos terminamos de mudar como a las tres de la mañana. Digo “nos” porque tuve que ayudar a un amigo a finalizar su mudanza hasta una hora antes de la hora a la que teníamos que llegar al aeropuerto. Estábamos a cuarenta y cinco minutos del aeropuerto, nadie nos podía llevar y el tren no era una opción porque la estación más cercana nos quedaba a media hora (o más) caminando.

Descargamos Lyft, que es la competencia de Uber, puesto que nos habían regalado unos cupones. El tiempo de llegada del piloto más cercano era de catorce minutos, por lo que decidimos probar con Uber.

Yo solo podía pensar en: ¿qué persona va a estar a menos de catorce minutos para llevarnos al aeropuerto a las 3AM? Y, cuando activamos el Uberpool pensé: ¿quién va a estar en nuestra misma ruta a las 3AM rumbo al aeropuerto? Uber llegó en tres minutos y de casualidad otra persona también pidió un Uber al aeropuerto en nuestra ruta.

Nuestro conductor nos contó que llevaba dos años dedicándose exclusivamente a ser piloto de Uber. También nos mencionó cómo había logrado cambiar su Prius por un Hyundai Sonata, y cómo Uber le había abonado tres mil dólares a la cuota de su vehículo del año.

Pasamos trayendo a una mujer que casi seguro iba a la Convención Demócrata. Lo pude indagar porque su destino era Filadelfia, porque nos contó de su reciente viaje a Washington DC, y porque ese día empezaba la Convención. Fue divertido porque dos personas pidieron un Uber en el mismo lugar; ella se subió al equivocado y tuvo que hacer regresar a su piloto a lugar donde estaba. Todo lo vimos desde “nuestro” carro. “¿Wrong Uber… I guess.” fue lo único que dijo nuestro piloto mientras nosotros nos reíamos.

Lo bueno de que se subiera fue que dividió la tarifa en dos; haciendo que nosotros nos ahorráramos dinero y que nuestro piloto ganara más.

Llegamos a Hartsfield- Jackson en cuestión de unos cuarenta y cinco minutos. Nuestro piloto (no recuerdo su nombre) solo nos pidió que si nos pareciera que lo calificáramos con cinco estrellas; nos explicó que la factura nos llegaría cuando entráramos al aeropuerto y que nos harían el cargo a penas y el avisara en la aplicación que ya nos había dejado.

Mi experiencia con Uber en Atlanta fue genial. En muchos lugares de la ciudad ni siquiera hay taxis; todo el mundo prefiere Uber, por ser más barato y más seguro. Es una aplicación sumamente eficiente, que muestra los beneficios de la competencia en el transporte de pasajeros.

En la segunda parte de este artículo abordaré los beneficios que podría llevar Uber a Guatemala, con sus riesgos y con la oposición que seguramente encontraría.

Luis Fernando Salazar Rosas

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