La crisis invisible

Hoy en día existe un notorio declive en las carreras universitarias que se relacionan con las humanidades. Su impopularidad ha causado que el sistema educativo deje de invertir en ellas, que las mismas adquieran un nuevo enfoque y que cada vez se necesiten menos profesionales con conocimientos de este tipo. Se las ha reemplazado por las ciencias económicas, tecnológicas, ingenierías y matemáticas. En un estudio publicado por World Economic Forum se concluyó que mientras el 42% de los jóvenes estudiaban dichas ciencias, solo el 16% se dedicaba a las humanidades. Lo alarmante es que cada año disminuye aún más en un 7%. La empleabilidad de las primeras, según el Ministerio de Educación del gobierno de Chile, supera en un 40% a la de las segundas.

Además, dentro de las carreras humanísticas se están dando reformas en donde se les ha dado un enfoque económico. El estudio de la lengua y el arte ahora está ligado a la publicidad y el mercadeo. La filosofía se limita a enseñar las teorías económicas. La historia y geografía se enseñan superficialmente y coloquialmente se dice que dentro del conocimiento cumplen un papel de “cultura general”.

Es más que evidente, las ciencias están dominando el campo laboral. No obstante, esto es producto de muchos factores de los que no nos percatamos y a la vez es una crisis que puede llegar a afectarnos sustancialmente.

El declive tiene su origen en el auge del pragmatismo; en la objetivación de la vida, la cual tiene como resultado la asociación del éxito con ideales materiales y superficiales y además, en nuestra obsesión con lo empírico. Hemos adoptado la creencia de que las humanidades no tienen una utilidad práctica o económica, tomando también en cuenta el hecho de que los trabajos mejores pagados son los científicos. Sostenemos que para creer algo hay que comprobarlo y muchas veces, que lo que no perciben nuestros sentidos no existe o al menos no podemos mantener un argumento a su favor. Nos hemos olvidado de que el ser humano tiene una parte que no es material, y que; por tanto, tenemos otras necesidades que no son de este tipo.

No pretendo desprestigiar de ninguna forma a las profesiones más populares. Considero que cumplen un papel fundamental en nuestra sociedad. Sin embargo, creo que no lo son todo y que dejar de estudiar las humanidades nos priva de conocimientos que influyen en nuestro comportamiento como humanos.

Si el hombre es multifacético, no podemos estudiarlo solo desde un punto de vista, como el económico en este caso. En mi defensa de las humanidades diré que sí tienen una utilidad no directa en nuestro comportamiento. Estas, por estudiar al complejo ser humano, conllevan un alto grado de dificultad ya que el análisis, la reflexión, la subjetividad, los sentimientos, el entorno, la cultura, la psicología y religión se relacionan entre sí y juegan un papel importante a la hora de entenderle.

Además, son las únicas ramas del conocimiento que consideran al hombre como un todo, en donde la moral y su sentido humanitario sí tienen relevancia en su vida. Limitar nuestra ética al pragmatismo puede tener consecuencias desastrosas para nuestra sociedad. Nos puede llevar a convertirnos en seres automatizados, que no viven del trabajo sino para él. También nos puede alejar de la práctica de las virtudes, la cual en un principio Aristóteles vivió para sostener que eran la solución a todos nuestros problemas.

Es aquí en donde cito a Peter Lawler, columnista de BigThink, cuando argumentó el impacto que tiene apartarnos de las humanidades. “Estudiar economía a nivel universitario ya no obliga a los estudiantes a pensar de las personas como agentes de la moral, en donde la religión, la cultura y la sociedad tienen gran influencia en él. Más bien, le llevan a considerase como actores racionales de una dimensión, quienes persiguen solamente un interés material y propio.”

Estudiar al hombre hace que las personas entiendan de dónde vienen, cómo perciben el mundo, cómo su actuar afecta a los demás, cómo es que el lenguaje les ayuda y limita a la vez. Les hace ser más perceptivos con el entorno, más sensibles con sus semejantes, más críticos y moralmente responsables. Porque algo es evidente: cuando nos dejamos de percibir a nosotros mismos como individuos que compiten entre sí por recursos materiales y nos empezamos a ver como parte de una sociedad en donde cumplimos un papel que puede afectar a los demás, nuestro actuar es distinto. Y ese cambio, aunque no tiene una utilidad evidente o contable, es beneficioso.

Aparte del comportamiento soy capaz de distinguir otras ventajas de las humanidades. Actualmente se calcula que las grandes empresas[1] pierden hasta $37 billones de dólares anuales por la falta de comunicación en sus empleados, la cual tiene como consecuencia una alta tasa de improductividad e ineficacia en el trabajo. La falta de habilidades lingüísticas, en donde no hay conexión entre lo que se quiere decir y lo que finalmente se dice, se podrían solucionar con el estudio de la lógica, retórica y/o lingüística.

En cuestiones legales, el ejercicio de la abogacía sería menos corruptible con un estudio consciente de la ética, ya que el abogado entendería que su trabajo no es ganar un caso a toda costa, el cual ve su interés económico propio, sino más bien que el resultado del caso se lleve con el debido proceso y tenga resultados más justos para toda la sociedad.

Por otra parte, yo concibo un mundo con mucho menos estrés y frustración existencial en la medida en la que el hombre disfruta de los detalles, le encuentra un sentido propio a su vida a través de la comprensión de su pasado y es capaz de crear y no solo de producir. Sostengo que la creatividad es útil en cualquier ámbito de nuestra vida, incluso en nuestro trabajo, y que promoverla y perfeccionarla nos permite expresarnos, lo cual trae beneficios psicológicos.

Si creemos en el hombre, no podemos hacerlo a medias. Debemos considerarle en todos sus aspectos, incluso en los no materiales. Estudiar al hombre le dignifica y le hace consiente de sí mismo. Por más que creamos en la especialización, creo que todos deberíamos acercarnos a estudiar algo humanístico. Porque ¿tiene sentido apartarnos de nosotros mismos?

Fátima Alfaro

[1]Redeapp. The (high) cost of employee miscommunication. Amee Kent. Disponible en línea: https://redeapp.com/the-high-cost-of-employee-miscommunication/

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One thought on “La crisis invisible

  1. Lastimosamente, no es sólo en Universidades. En España, por ejemplo, la filosofía ya ni es parte del currículum de enseñanza media porque “es inútil.”

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