María

No hay nada más desalmado, que hacer perder la calma a la luz de luna. Así es mi María, que entre risa y risa hace que la bese.
Todos en la cuadra me dicen que me cuide, que la deje ir, que no la toque, que envenena. Algunos dicen que no hay escape, que después me quedaré atrapado en sus besos, que es como andar en laberintos. Pero es que, María, ¡ay María! Sus-pi-ra cada que me mira y me hace unos ojos encantadores.
Me dice que la saque a pasear, que le gusta la rueda de Chicago, que le gusta bailar sin disimulo, que la bese. ¡Yo la beso! Ay María, yo te beso y con eso, te dejo el alma.
Me dices que me quieres, que te gusto, ¿por qué te gusto? Que hice para que me vieras.
María me dice que estaba perdida, que la juzgan por repentina e indiscreta, por un pasado de poeta, un pasado que es pasado. A mi no me importa, si eres ángel o demonio, si te fuiste con uno en el otoño y regresaste al invierno con otro distinto. No me importa si bebes o te drogas, si te ríes o si lloras. ¡No me importa, María, ay María! Si eres mi causa perdida, mis horas, mis antojos.
Nunca quise ser tu principe decente, soy más como tu sirviente y si me dejas, te sirvo hasta al amanecer.
Y así estuvimos, entre pétalos compartidos siendo, siendo nada, ¡pero siendo! Ay María, cásate conmigo, ten mi amor y mi futuro, tengamos un chamaco, nombremosle Fabian.
María, ay, Ma-rí-a. María me ama. Me dice que le haga cosquillas, ríe conmigo, sueña conmigo, besa conmigo, me dice que le acaricie el pelo.
¡Años ya! María, desde aquel día que te vi en el parque con el alma rota, los sueños en vela y un cigarro en mano. Desde aquel entonces noté que tenías algo.
¡Ay! ¡María! Me desperté de nuevo, me desperté llorando, me desperté amando. Dice Fabian que se te extraña tanto, dice el colchón que me quedé llorando, ¡ay! ¡María! Volví a soñarte, volví a soñarte mía, ay María, ayúdame con esta pena, con esta noche en vela. ¡Quítame el olor a tus labios rojos! Quítame esta pena, este antojo de que vuelvas.
Ay María y es que, se me olvida aquel día, porque ya estoy viejo, porque ya me pesa la vida, ay María, porque si lo recuerdo me muero por dentro. Pero el patojo me despierta cada mañana y con el alma callada, me dice que te fuiste.

Ay María, que sorpresa haber despertado esta mañana con la noticia de tu muerte después de haber soñado tanta vida.

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