La economía del poder

Oscar Fernando Reyes Jiménez

Existe una idea que sostiene que el Estado debería controlar la economía para guiar el progreso y el desarrollo del país, a diferencia de los que creemos que el Estado solo debería concentrarse en proveer seguridad y justicia.

Los que se decantan por la primera postura están fascinados con la idea de que el Estado debe  controlar el mercado, lo cual implica una redistribución de la riqueza, subir impuestos, limitar el derecho de propiedad, etc. Básicamente esta postura tiene la noción de que un grupo de burócratas deben manejar las decisiones económicas de sus habitantes, lo cual conlleva a tomar una serie de medidas mercantilistas; protegiendo ciertas actividades, controlando los precios, salarios y los intereses.  Pretenden que su criterio es más sabio que el del mercado acerca de qué se debe  comercializar, cómo y en qué cantidades.

Los funcionarios del gobierno tienden a usar sus influencias burocráticas para privilegiar a un grupo de  personas cercanas a ellos. Por ejemplo: Los mercantilistas promueven que importar es malo y exportar es bueno, Lo cual provoca cierta complicación a las empresas extranjeras impidiéndoles la competencia y por ello las empresas no se encuentran posibilitadas a bajar el precio de sus productos y por ende la vida es más cara de lo que podría ser.

La idea de que el Estado es el motor que debe guiar la economía y el desarrollo de los países es más perjudicial que beneficioso. Está idea la popularizó Lord Keynes, quien argumentaba que el gobierno tiene la capacidad y la obligación de aumentar la producción, los ingresos y el empleo.

Según Keynes, al gobierno le corresponde lograr la prosperidad por medio de: impuestos, gasto público y la emisión monetaria, lo cual muchas personas lo consideran lógico, ya que ellos sostienen que el Estado debería de crear empleos y emitir masa monetaria para mantener esos empleos, a través del gasto público. El problema es que esos puestos de trabajo son insostenibles, los trabajos artificiales creados por la emisión de dinero desaparece tan pronto como se disminuye el ritmo de emisión monetaria.

Esto debido a la mala asignación de recursos, se crean aeropuertos que nadie usa – Ciudad Real, España- o ciudades donde nadie habita –Kangbashi, China- debido a que no existe una verdadera demanda. Al final, después de aplicar estas medidas lo único que se obtiene es desempleo masivo e inflación, lo que se le conoce como estanflación.

La estanflación es el resultado de tener un Estado que desea controlar la actividad económica de sus habitantes. El Estado solo logra todo esto de manera coercitiva, imponiendo su voluntad por medio de decretos y leyes, dejando una diminuta esfera de libertad a sus ciudadanos.

Esta manera de pensar, es una forma de privar a los ciudadanos de su libertad, a cambio de una estabilidad –que tampoco está garantizada-. Los países que aplican estás políticas llegan a un colapso económico.  Ejemplo: Venezuela. Un país lleno de recursos naturales, los cuales podría explotar y convertirse en una potencia económica. Pero no es secreto que Venezuela tiene escasez de productos básicos para el hogar y una inflación del 150%. Dejar que el Estado sea quien guie la economía solo conducirá a la escasez. Esto debido a que es imposible que una entidad pueda conocer la demanda de todos los individuos, en otras palabras, la imposibilidad del cálculo económico.

Ahora bien, quienes nos decantamos por la segunda postura defendemos que la economía de mercado es el resultado del libre actuar de los individuos por medio de reglas generales.  Cada persona es quien decide y planifica su vida, escoge sus metas, profesión y su destino.

A diferencia de la primera postura que ignora los deseos y los sueños de los ciudadanos y cree que el Estado es omnisciente, el cual posee todos los conocimientos para llegar a la prosperidad. Obviamente los países que caen en este engaño son los países que sufren de escasez, el conocimiento no está centrado en una sola entidad. Los sistemas inventados pretenden lograr resultados específicos, y para ello es menester inventar una organización asignando tareas y funciones –directrices- a personas e instituciones. Pero los únicos que realmente se benefician de esto son nuestros amigos del gobierno y sus allegados.

El libre mercado beneficia primordialmente al consumidor, al pueblo, porque el consumidor es capaz de adquirir bienes y servicios a empresas de todo el mundo que ofrezcan la mejor relación de calidad y precio. Con una competencia libre habrá un aumento en la oferta lo que producirá una baja en los precios, por lo que el ciudadano podrá adquirir la misma cantidad de productos con menos dinero.

Por lo que habrá un aumento económico en la población, que se traduce a un aumento material  de vida de las personas.

Esta doctrina se dirige específicamente a esto, el liberalismo no busca la igualdad material, porque sabe que la igualdad material es el camino a la servidumbre. Lo que el liberalismo busca es mejorar las condiciones de vida de las personas por medio de la libertad.  A mayor libertad individual, mayor prosperidad económica. Se puede apreciar que los países que se consideran “desarrollados” o países prósperos, son los que encabezan el índice de libertad económica.  Por ejemplo: Hong-Kong, Singapur, Dinamarca, etc.

El rol del Estado en una sociedad libre, se debe limitar a dar seguridad y justicia, no tiene porque entrometerse en la economía del país. Mientras menos interfiera el Estado en la vida privada de las personas, habrá un crecimiento exponencial en cuanto a sus condiciones de vida.

El Estado debe poner leyes generales y abstractas, sus Constituciones deben ir orientadas únicamente a proteger los derechos individuales. Un ejemplo de esto es USA. Su Constitución está orientada a garantizar los derechos individuales mediante la limitación del poder de las mayorías.

Con el tiempo, las Constituciones han perdido el propósito de proteger los derechos individuales y agregaron toda una serie de derechos sociales y una serie de objetivos que obligan a los gobiernos a utilizar el poder para lograr fines económicos, subordinando aquellos derechos individuales a los llamados derechos sociales. Por lo que han dejado de ser leyes generales y abstractas y cada vez son más específicas. Pareciera que existe una relación indicando que mientras menos desarrollado es el país, más desarrollada es su Constitución.

Claramente la segunda postura es éticamente superior a la primera. Porque a diferencia de la primera, la escuela austriaca aboga por que las personas sean quienes tomen las decisiones de su vida, para poder descubrir la mejor manera de servirnos los unos a los otros.

La primera postura aboga por que alguien controle la vida económica de sus ciudadanos, a que precios vender, que cantidades vender, que producir, etc. Básicamente nos dice incapaces o inútiles y crea una situación de dependencia hacia el Estado, que como he mencionado antes, solo sirve para llenar los bolsillos de nuestros gobernantes.

¿Planifico por ti, o te dejo decidir?

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