El amor como problema semántico

Ánika Lorenzana

Como subdisciplina importante de la lingüística, la semántica trata de aquello perteneciente al sentido de símbolos, palabras, expresiones o representaciones formales.  El buscar comprender el significado de las palabras implica indagar sobre la razón y origen del lenguaje. Como vínculo clave en las relaciones sociales y componente substancial en la comunicación humana, la lengua representa una fuente enorme de conocimiento. Es realmente asombroso, si nos ponemos a pensar, toda la experiencia y saber acumulado tras una palabra; todos aquellos intentos por  personas de conceptualizar y establecer definiciones concretas.

Entre la variedad inmensa de vocabulario que los humanos hemos sabido crear se encuentran los denominados sustantivos comunes y concretos. Estos se refieren a aquellos objetos, animales o personas que podemos observar y sentir. Por otra parte existen las abstracciones; aquellas palabras que utilizamos para nombrar fenómenos no materiales, es decir objetos que son percibidos únicamente dentro de nuestros pensamientos y las emociones que los activan.

No es extraño explicar a alguien más que es una mesa o un ratón. Probablemente son objetos que han visto más de una vez en la vida. Otra historia ocurre con los sustantivos abstractos; aquellos que escapan de la realidad seca y objetiva. Por ser palabras cuyo significado está impregnado de subjetividad resultan más díficiles de definir o apreciar.

Las imágenes y referencias que surgen tras escuchar dichas palabras son distintas de individuo a individuo y vienen a estar condicionadas fuertemente por las vivencias personales. Dichas expresiones lingüísticas están cargadas de un aire de confusión y tienden a generar conflicto entre los seres humanos. Felicidad, dolor, alegría, miedo… todas abstracciones cuyo significado varía dependiendo la situación concreta y representa algo totalmente diferente para cada persona.

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Uno de los conceptos metafísicos que más turbación y desconcierto provoca dentro de la comunicación humana es el amor. Esta palabra de cuatro letras y dos sílabas es la encargada de generar cientos y cientos de malentendidos semánticos entre los individuos. Y es precisamente eso lo que ocurre: un revoltijo semántico entre lo que creo yo significa el amor y lo que la otra persona comprende. Y es que es realmente difícil, una cuestión de mil intentos,  el encontrar a alguien cuya comprensión de la palabra se ajuste a la  propia. Otra cosa ocurre cuando emprendemos dicho intento. Es decir, cuando intentamos encontrar puntos compatibles de nuestra definición con la del otro y nos embarcamos en la lastimosa empresa de intentar amar a alguien. Sin embargo, es únicamente a través de este penoso proceso que la persona es capaz de considerar y reescribir la propia comprensión semántica de la palabra, expandiendo los horizontes que su antigua conceptualización conllevaba. Porque así es con esto de las abstracciones… No importa qué tanto nos dibujen o expliquen el amor, si no lo hemos experimentado en carne propia no tendremos una comprensión profunda de su significado.

Como mencioné antes, resulta asombrosa la cantidad de experiencia y saber acumulado en el lenguaje. Mediante la prueba y el error los humanos han logrado desarrollar un vocabulario amplio y que facilita su comunicación.  Fue a través de muchos intentos que se acordó lo que era y lo que no era una silla, sus diferencias con un sillón, así como sus similitudes con un sofá. De igual forma encontramos el sentido de las abstracciones mediante el repetitivo ejercicio práctico de las mismas. Así es  trabajo individual el encontrar la definición de amor que mejor se ajuste a nuestras expectativas e ir redescubriendo en la experiencia propia las fronteras del concepto.

En medio de esta confusión semántica no encontramos todos; intentando conceptualizar de manera objetiva lo que solo de mediante la experiencia subjetiva podemos experimentar.  La próxima vez que nos encontremos sufriendo los males del amor quizás sea conveniente analizarlo todo como un simple conflicto de interpretación semántica; como el choque de dos definiciones diversas que colisionan para expandir mediante la experiencia el verdadero sentido de la palabra amor.

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