Café y besos por las mañanas

Luis Ramírez.

Todas las mañanas, entre carrera y carrera, poco tiempo me daba para prepararme mi taza de café. Yo, siendo tan amante del café, luchaba por que siempre quedara perfecto. Unos días era demasiado caliente, otros muy tibio, otros con mucha azúcar, otros demasiado amargo, otros con mucha leche y otros con muy poca.

Un día entre el ir y venir, te conocí.  Conforme el tiempo, mi café por las mañanas, a pesar de que seguía preparándolo igual, comenzó a saberme perfecto. ¿Qué pasó diferente que mejoró tan radicalmente ese líquido oscuro y amargo que tanto amo? Al principio, no entendía claramente, pero hoy pude abrir los ojos y darme cuenta que es por ti y tus besos.

Ahora conozco la combinación perfecta: besos y café por las mañanas. Ese trago amargo con un beso tuyo me da el equilibrio entre lo amargo y dulce. Ya no necesito azúcar, ya no necesito calentarlo o enfriarlo, solo necesito los besos tuyos que cuando se necesitan son fríos o tibios, pero siempre dulces, muy dulces.

Todas mis mañanas, ya no corro, ya ni sé cuándo me sirvo el café porque media vez tenga los besos tuyos, sé que será perfecto.

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