Dejemos que triunfe el mal

Andrea Monterroso

¿Se han fijado como en las historias los villanos nunca triunfan? En el momento en el que están a punto de apoderarse del mundo, el héroe se las ingenia para evitar que el plan se lleve a cabo y de esa forma “salva el planeta”. Qué tal si por una vez ¿le damos el chance a los malos de que nos cuenten su plan?, tal vez con el plan del malo el “felices para siempre” tome nuevas dimensiones y nos sorprenda con algo mejor a lo que acostumbramos. Pues creo que eso mismo puede pasar al romper con los estereotipos.

Estamos acostumbrados a la forma en que funciona el mundo, la entendemos y con base a nuestra experiencia, se han construido instituciones que han formado Estados. Las reglas del juego de los Estados son pactadas día con día por medio de comportamientos que masivamente se vuelven cultura. De la misma manera, fueron establecido los roles por género, el rol de la mujer está fuertemente ligado a su función biológica, razón por la que debe atender a la maternidad y se le inculcan conocimientos como el trabajo en casa y la fragilidad física. Por el contrario, el rol de los hombres está asociados a la provisión de alimentos y a la protección de la familia. Ambos estereotipos han dado vida a una serie de creencias sociales.

¡Las mujeres son amas de casa! es una de los argumentos creados alrededor de los roles por género. Debido a lo establecido por la biología las mujeres tienen un fuerte lazo con sus crías, esta unión impide su abandono y garantiza el cuidado a futuro de sus bebes. Sin embargo, a su vez es una de las razones por las que es más fácil para las mujeres se conviertan en amas de casa, lo que imposibilita su crecimiento laboral.

Actualmente la figura de ama de casa ha mutado y su función traspasa el trabajo en el hogar y ahora implica una ocupación laboral estable para sufragar las cuentas. Lo establecido por “el felices para siempre” dictamina que una mujer debe de cumplir con ambas funciones, si desea ser “una buena mujer”. Sin embargo, cada día “el mal” triunfa más en algunos hogares en donde las tareas del hogar han comenzado a dividirse y el papel tradicional de ama de casa se ha anulado y se ha convertido en una tarea para todos los habitantes del hogar.

¡Las mujeres son débiles! también refuerza peligrosamente los roles. Nuevamente, la biología nos da una explicación, y esta vez bajo la premisa de que ser madre implica menos fuerza física que ser proveedora de recursos para vivir, como los roles señalan que es la función del hombre. Pero ojo, porque la premisa no toma en cuenta que ser madre requiere de otras fortalezas no necesariamente ligadas a la fuerza física -concepto operativo que a menudo engloba fuerza-. Y además la premisa pasa por alto, la capacidad de cualquier mujer de desarrollar fuerza a través de la necesidad de convertirse también en la proveedora de recursos. Si “el mal triunfara” los juicios de fuerza tomarían en cuenta aspectos como el control de emociones y de antojos, el saneamiento de corazones o el ser controladora de cuentas. En ese caso seguro que las mujeres seriamos el sexo fuerte.

¡Las mujeres no son jefes! (refiriéndonos a puestos laborales) es un estereotipo de rol arraigado; ya que este tipo de idea proviene de cuando en las tribus la posición de líder la ocupaba un personaje fuerte, que pudiera protegerlos a todos. En esos momentos las mujeres no tenían la capacidad física para ocupar dicha posición. A pesar de que el comportamiento se heredó, las mujeres han ido desarrollando capacidades que suplantan la fuerza física y eso le ha permitido escalar hacia los puestos de la toma de decisión. A través del trabajo duro “el mal” comienza a triunfar ya que algunas se han convertido en pioneras de la doble función (maternal y laboral), que tanto limitó a nuestras antepasadas.

La relación ente el mal y el bien es el medio por el cual intento transmitir que el bien –lo que sabemos que es correcto hacer- puede no ser la solución para nuestros problemas, pese a que nuestra tradición lo dictamine. Por otro lado, el mal -entendido como la alternativa que no nos atrevemos a tomar y que desconocemos- puede ser un camino que nos invite a nuevas soluciones. La inclinación hacia el género femenino es solo uno de los tantos ejemplos de las creencias que hemos ido arrastrando y de las que desconocemos su origen. En realidad, pensar en el mal como una vía alternativa resulta tentador, cuando cada vez tenemos más abiertos los ojos a que lo malo no es malo hasta que lo probemos.

 

 

 

 

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