¿Es realmente mala la brecha entre ricos y pobres?

Luis Ramírez

En los años noventa era necesario un mapa, muchas indicaciones y suerte para llegar a una dirección puntual. Hoy, solamente se necesita un Smartphone con internet para poder usar una aplicación (Google maps o Waze) que nos guíe, por medio de indicaciones en tiempo real y una voz instructora. Este ejemplo es uno de un millón. El desarrollo tecnológico evidentemente desplaza los viejos mecanismos por unos mejores. Los beneficios y la practicidad que nos brindan son reconfortantes.

La mayor parte de la innovación tecnológica proviene de la competencia entre empresas o de la creatividad de un emprendedor que reconoció una nueva oportunidad en el mercado. La innovación no se daría si no existiesen consumidores dispuestos a pagar por los productos recién creados o mejorados. En la mayoría de casos, por ser el primer intento, los precios de los bienes o servicios suelen ser muy altos y el acceso a los mismos, únicamente lo tienen un limitado segmento poblacional.

Si las personas con la posibilidad de comprar los nuevos productos no los adquieren, sucede algo que radicalmente afecta al total poblacional: el innovador no recibe utilidades por su invento y, por lo tanto, no podrá seguir perfeccionando su creación o dejarían de existir una motivación por crear nuevos productos.

Con el pasar del tiempo, a medida que el innovador continúe siendo remunerado por las compras que realizan los más ricos, perfeccionan su producto y poco a poco, en la mayoría de casos, los precios tienden a bajar y más personas comienzan a tener posibilidad de comprarlos. El mejor ejemplo son los smartphones. La diferencia entre el número de usuarios al principio del lanzamiento y hoy, es exageradamente desproporcional.

La existente brecha entre ricos y pobres, no hay que tacharla de injusta tal y como Oxfam Internacional y otras organizaciones o personas afirman. Ahora bien, claro está que, si los más ricos llegaron a serlo gracias a acciones desleales, su riqueza si es una injusticia. No obstante, este no es el caso de todos los adinerados, pues muchos lo logran gracias al mérito y esfuerzo propio.

Hayek y muchos otros autores con gran certeza acertaron al explicar cómo los más ricos benefician a los pobres incurriendo en los altos costos que muchos bienes tienen al inicio, para que con el tiempo se abaraten y más tengan acceso. Los lujos de hoy serán las necesidades del mañana y sin la brecha entre ricos y pobres no sería posible y, el sin fin de beneficios, como Waze o los smartphones, no existirían. Dejemos de satanizar a los ricos cuando lograron su riqueza por medios legales, pues sin ellos, la innovación y el progreso en general no sería posible.

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