Sin rumbo fijo, sin dirección…

A veces, nos detenemos en una de las esquinas de la vida, sin saber a dónde ir, en una encrucijada de varios senderos, sin saber que nos deparará, ni tener idea del destino al que nos llevarán nuestros pasos. A veces, perderse es un ejercicio sano, practicar el arte de la contemplación y dejar que nuestro espíritu perciba el arte, la música, la poesía, o el simple vaivén de los presurosos pasos.

Quizá nuestra obsesión por las metas, los objetivos y las demás condicionantes, nos priven de disfrutar nuestro día a día, las tertulias con los amigos, el desayuno familiar, la música en las calles, el azul del cielo, la arquitectura que engalana una calle, el morado de las jacarandas o el rosa de los matilisguates.

Cuando no hay fuerza para caminar, hacerlo por los cauces de las letras es la mejor de las opciones, pasar unas páginas para caminar por la antigua Roma, o cambiar de párrafo para disfrutar de la vista de los Alpes, admirar la tradición liberal norteamericana o contemplar el despotismo moderno. La mejor de las vías para evadir las tribulaciones, es navegar en el mar de la literatura para encontrar refugio entre las páginas de un amigo, o escudriñar las letras de las canciones.

Para los hombres de letras, el consuelo está en la biblioteca, y el cauce de desahogo está en el escritorio, mientras la historia sigue su devenir, las propias penas llenan la vida de limón, y nuestras alegrías colman de miel vuestros paladares; cada palabra es un camino que nos depara nuevos azares.

Muy dentro del corazón, está la dama de los ojos negros, causa de mi tribulación, por esas travesías, sin rumbo fijo, sin dirección. Exponer mi situación, solo sería causa de aflicción, prefiero la abstención antes que una condena de prisión.

Hoy hace un año que comencé a escribir en este espacio, en el que junto con un grupo de amigos vertimos nuestras ideas y opiniones sobre temas diversos, acá desahogamos nuestro afán de escritores, inquietudes intelectuales y los sentimientos que brotan desde nuestros corazones. Qué alegre encontrar amigos entre los surcos de tinta, almas jóvenes que disfrutan consagrar sus ideas en el mundo de las letras, Para celebrar nuestra amistad, hoy tomé la pluma y comencé a reflexionar sin rumbo fijo, sin dirección, como aprendiz de escritor, solo escuchando al corazón.

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