Hacia dónde queremos ir

Guatemala es un país agrícola. No porque seamos los mejores en ello, sino porque esa idea nos hemos hecho y por ende, hemos dedicado nuestros esfuerzos a promover ese sector económico por encima de otros. No es que nuestra gente no pueda hacer otra cosa, sino que no sabe hacer otra cosa. Puede sonar muy redundante, pero la diferencia es abismal.

Es común escuchar que el sector agrícola es uno “olvidado” y “sin voz” (a propósito del artículo Guatemala: Los aportes de la agricultura familiar campesina a la economía[1] con el cual no estoy de acuerdo). Y con ese discurso, se promueven decretos que benefician, subsidian y protegen al ganadero y al campesino. Desde mi punto de vista, esto solo sirve como incentivo para perpetuar estas actividades que dentro del mercado, no tienen mucho valor agregado por pertenecer al sector primario.

Es una realidad que el 75% de los pobres del mundo se dedican a estas actividades. Se recalca la importancia del sector al decir que “da muchos empleos” (por ejemplo, en África representa tres cuartas partes de los empleos). Pero quiero enfatizar algo, para mejorar un país no se busca que aumente la tasa de empleo sino la productividad de los mismos.

 grafica 1

Como se muestra en la gráfica, el sector primario es el menos productivo. Minas y canteras es el segundo, hasta este año que se ha frenado a ese sector enormemente. El de servicios, que en realidad es la suma de transporte, electricidad y agua, construcción y servicios (en la gráfica) es el más productivo. No es casualidad que los países con la renta per cápita más alta dediquen más porcentaje de su producción al sector servicios.

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Fuente: elaboración propia con datos del Banco Mundial

Aunque el sector servicios sea el más alto en la composición del PIB guatemalteco, la media mundial es del 68%, por lo que nos situamos por debajo de ella. Los países más desarrollados encontraron en estas actividades grandes posibilidades, ya que no depende en su mayoría de las condiciones climáticas, recursos naturales, puertos, etc.

Mi punto con todo esto es que como sociedad tenemos que dejar de vernos como un país rico solo porque tenemos recursos naturales. La riqueza no viene de allí sino de lo que la mente humana es capaz de hacer con ellos al transformarlos. Además, creo que alrededor de este tema también se da una victimización al sector primario, al estar conformado por la fuerza laboral con menos recursos de la población. No es que no podamos hacer otra cosa, es que no sabemos porque no queremos.

Es obvio que quienes no tienen acceso a la educación no tendrán más alternativas. Sin embargo, no creo que debamos dirigir políticas públicas a la protección de ese sector. Opto por la educación, para que exista gente más capacitada para incorporarse al sector más productivo del país. Porque no debería enorgullecernos que la mayoría de nuestra gente pase tantas horas bajo el sol para ganar tan poco. Recordemos que en la vida real el esfuerzo no se premia, sino el resultado del mismo. No solo hay que trabajar duro sino principalmente, hacerlo de forma inteligente.

Dejemos de creer que nuestro futuro está allí en el campo, en la falacia de los campos bucólicos. Empecemos a valorar más el resto de actividades.

El problema en Guatemala no es la falta de empleos, sino la productividad de los mismos.

[1] http://mesadearticulacion.org/columna/guatemala-los-aportes-de-la-agricultura-familiar-campesina-la-economia/

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