A la mar me lanzaré

Recientemente he tenido que tomar decisiones que hasta el momento han sido las más difíciles de mi vida y estoy seguro que pasará mucho tiempo para que tenga que toparme con otras de esta magnitud. Sin profundizar en cuáles han sido las decisiones, me gustaría compartirles una pequeña metáfora que me ha ayudado enormemente a sobrellevarlas. Para ello, regresaremos unos cuántos siglos atrás y recordaremos al tan significativo personaje de nuestra niñez e historia, Cristóbal Colón.

Este italiano que tanta fama ha tenido por el descubrimiento de América tiene un particular significado para mí y les explicaré el por qué. En esa época, existía una práctica que predominaba en el arte de la mar llamada “cabotaje”, que básicamente consistía en navegar de cabo en cabo, sin separarse completamente de la tierra, es decir, de lo seguro y conocido. Esto generó que nadie se arriesgará a buscar llegar a las Indias tras la caída de Constantinopla en 1453; nadie, excepto Colón. Sin importar lo erróneo que fueron sus cálculos, fue de los pocos aventurados que tenía una convicción particular por salir en la búsqueda de esa tierra tan lejana. A pesar de las muchas trabas que recibió por parte de las diferentes coronas a las que se acercó en búsqueda de financiamiento, la única que creyó en su proyecto fue la reina Isabel de España. Al desembarcar, sin querer y sin saberlo llegó a las Américas, creyendo que era India y, bueno, el resto es historia.

Resumí a tan groso modo la historia de Colón porqué él fue de los pocos valientes que decidió dejar lo conocido, que logró superar su miedo y salió en búsqueda de cumplir un sueño. Además, esa valentía siempre me ha recordado a mi padre, que con su pequeña tripulación (incluyéndome a mi) tomó riesgos muy similares por triunfar. Al igual que ellos, yo he decidido con mucha dificultad hacer lo mismo. Claro está que no me montaré en el siguiente barco que vea y me dedicaré a buscar las Indias, pero sí, metafóricamente, me lanzaré a la mar y navegaré por mis sueños.

Dios será mi brújula, y, aunque en este barco aun no llevó tripulación, no temeré las adversidades de la oscuridad, la soledad y las tormentas. Tampoco caeré en las falsas ilusiones o en el canto de las sirenas, tendré toda la convicción y fe necesaria para saber guiarme hacia donde tengo que ir. Al final, quien quita que yo pueda descubrir un Nuevo Mundo como Colón lo hizo, uno inimaginable, que supere todas mis expectativas y, quizás, hasta pueda sumar tripulación en esta navegación interminable.

 

A la mar me lanzaré

 

Sin tener noción tan clara,

a la mar me lanzaré.

Dios será mi brújula,

la fe mi viento y

la valentía mi estandarte.

 

Me cuidaré del canto de las sirenas,

me resguardaré en las tormentas y

no desistiré ante la devastadora angustia,

que trae la soledad.

 

No me sujetaré de cabos conocidos.

No regresaré a aguas exploradas.

Lucharé, lucharé y lucharé.

Navegaré, a la mar me lanzaré.

 

Quien quita y, quizás,

hasta tripulación sumaré.

Mientras el tiempo pase y

el momento de partir se acerque,

intentaré no flaquear

porque mi sueño yo cumpliré.

 

A la mar me lanzaré.

Yo seré mi capitán.

Lucharé, lucharé y lucharé.

Y espero, con paciencia,

encontrar lo que siempre soñé.

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