El gallinero

El granjero necesitaba maíz para poder echar a andar su nuevo negocio. Su intención era enviarlo enlatado al viejo continente. Para ser competitivo, diseñó una estrategia que se basaba en la extorsión. A finales del verano,  les ordenó al  gallo, a la gallina, y a dos de sus amigos, los patos, diseñar un plan para conseguir la materia prima.

La idea consistía en solicitarle a los pollitos una cuota de maíz por cada uno. Los más grandes, debido a que tenían la capacidad de obtener cantidades mayores, serían castigados si no cumplían. Los perros eran los encargados de asegurarse que cada uno entregara su cuota. Estaban bajo órdenes estrictas de comerse a los que no colaboraran.

Los pollitos mayores, se tuvieron que organizar para poder cumplir y sobrevivir. En un cajón, cada uno tenía que depositar su respectiva cuota de maíz. Sabían que si no llenaban la caja, iban a tener que vérselas con los colmillos de los pastores alemanes.

Llegó el otoño, y los pollitos no habían podido llenar el cajón. El granjero estaba furioso, y sus trastornos mentales salieron a relucir. Le dio la orden a la gallina de castigar a cada uno de los pollos mayores que no habían cumplido. El gallo no se opuso. Los patos dirigieron la logística de la operación.

Los perros recibieron órdenes de atacar. Sin importar la reacción de los pollitos, debían afilar sus dientes, y morder hasta matar. Cuando entraron al gallinero, apartaron a los pollos más grandes. En una esquina, junto a la malla, se lanzaron hacia sus cuellos.

Los huevos reventaron, y nacieron nuevos pollitos. Los que en aquel otoño eran pequeños, crecieron, hasta ser más grandes que sus predecesores. Ellos sí cumplieron con la cuota. Desde ese año, cada vez son más los huevos que revientan al mes. El gallinero está sobre poblado.

El granjero logró enviar unos cuantos contenedores de maíz. No obstante, el negocio no fue próspero, dada su competitividad irreal. Diez años después de aquel evento, el granjero ya no es granjero, pero está intentando incursionar en nuevos negocios. Todo dependerá de quién le pueda proveer materia prima.

La primavera no volvió más a la granja. Los otoños son cada vez más largos y los inviernos más fríos.

El nuevo granjero les sigue pidiendo cuotas a los pollitos, aunque ya no de maíz. Dado su estrés, algunos se salen del gallinero, y le hacen daño a los demás animales, con tal de cumplir con los deseos de su posible verdugo. No olvidan lo que les pasó a los que no cumplieron.

 

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