Una renovación necesaria

Gabriel García Márquez, con su pluma privilegiada, alta capacidad histórica y su genuino toque realista mágico, interpretó los últimos días de Bolívar en su libro “El general en su laberinto”. Sin entrar en detalles del libro, me gustaría compartir una reflexión lateral de la lectura: Bolívar en sus últimos días fue completamente diferente a como cuando regresó de Europa. De aquel joven soñador e idealista, pasó a ser un hombre pragmático y bastante realista. Claro está que he dejado a un lado otras importantes características, pero la importancia de este artículo recae en el cambio que sufrió a lo largo de su vida y que me dejó una interesante reflexión que les compartiré en este corto escrito.

Uno podría pensar que las personas nunca cambian del todo y que al dejarlas de ver por mucho tiempo y volverlas a encontrar, todo sigue igual. No obstante, la vida muchas veces dirige a toparnos con cambios internos y personales, casi obligatorios que son consecuencia de alguna importante lección de la vida o situación que te marcó para siempre. Bolívar es un ejemplo de ello, se topó con una realidad chocante en su llegada a América. El comienzo de su proyecto lo empujó a cambiar casi por completo, pues no todo fue como imaginaba.

Este cambio que sufren las personas, recalco que no todas, me recordó a la renovación que hacen las águilas. Estas aves que aparentan ser invencibles y las dueñas de todo, tras unos cuarenta años sufren un envejecimiento radical que las empuja a tomar una decisión importante: pasar por un proceso de renovación sumamente doloroso o morir. Las que deciden renovarse, vuelan a un punto en alguna montaña sumamente alto y se arrancan el pico contra las rocas. Allí, esperan que el nuevo crezca y cuando lo tienen, se arrancan una a una sus viejas garras y plumas. Después de esta largo y sufrido proceso, están renovadas y vuelven a salir, como que si nada hubiera pasado, pero son un ave diferente.

Muchas veces la vida nos empuja a una situación comprometedora y dolorosa, donde debemos decidir si renovarnos o quedarnos igual, sin ninguna mejora. El no cambiar, nos deja una inconformidad escondida y peligrosa, que puede transformarse en malas decisiones y un declive rotundo; muy similar a las águilas cuando no deciden renovarse. A pesar del dolor y lo complicada que pueda ser la situación, es necesario renovarnos. Dejar todo a un lado por un tiempo, reencontrarnos con nuestro yo, recordar el porqué de nuestra existencia y cambiar tal cual águilas. Así, podremos salir de nuevo, aparentando ser los mismos, pero siendo completamente diferentes, siendo nuestra mejor versión y listos para la siguiente etapa. Todos de vez en cuando deberíamos tener una renovación necesaria.

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