Panamá

Únicamente me faltaba conocer uno de los siete países del istmo centroamericano: Panamá. Desde que fui a Belice hace ya más de dos años estuve esperando completar mi checklist. Me gusta la sensación de estar un lugar completamente ajeno, del que tengo que aprender informarme un poco para poder conocerlo mejor. Los tres momentos más interesantes de mi viaje giran en torno a: la migración de venezolanos, a un desconocido y al Canal.

sello pasaporte

 

Los venezolanos llegaron a Panamá en masa. Inclusive, ahora les solicitan visado para ingresar. El país canalero no es precisamente amigable con los extranjeros, menos con los que van huyendo de la dictadura de Maduro.

El gobierno panameño protege excesivamente la fuerza laboral nacional. Por ejemplo, para contratar un extranjero se tiene que tener contratados a diez panameños, de lo contrario, la empresa se corre el riesgo de recibir multas. Otro ejemplo se ve con Uber. La aplicación no funciona bien en la Ciudad de Panamá. ¿Por qué? Básicamente, porque el gobierno se dio cuenta que unos 7 mil conductores no eran panameños. Se reguló  de tal manera que solo nacionales pudiesen trabajar para la compañía, reduciendo el número de pilotos a unos dos mil. Ahora, es más fácil moverse en taxi.

skyline panama
Skyline de la Ciudad vista desde Casco Antiguo

El venezolano no es bien aceptado. Además de que llegaron por cientos de miles, existe una percepción de que son arrogantes. Obviamente no se puede generalizar, pero he tenido la oportunidad de relacionarme con muchos de ellos y mi percepción no es tan distinta. Es necesario que interioricen que su país hace un buen rato no es el más desarrollado de la región y que aprecien más a los países a los que llegan (incluyendo el saber relacionarse mejor con los locales).

Mi segunda experiencia fue con un desconocido. Mientras iba caminando por la calle una mañana cerca de mi hotel, un carro se detuvo en la esquina en donde yo estaba. La persona que lo conducía me pidió ayuda. No tenía dinero ni para la gasolina. Me dijo que si lo ayudaba me llevaba donde yo quisiera. En corto, me llevó al Canal y me contó una serie de problemas que lo aquejaban. Le regalé una importante cantidad de dinero, sin estar seguro de que fuera lo más adecuado, me llevó al hotel y no he sabido de él desde entonces. Espero que esté mejor y que mi ayuda haya servido de algo.

No creo que todas las situaciones que vivimos día a día sean puramente aleatorias. Hay momentos en los que existe alguna razón para estar en un lugar. En mi caso, creo que fue un buen motivo el estar justo en ese instante en aquella esquina.

Regresando al Canal, simplemente admirable. La ingeniería aplicada para desarrollar el “camino del mundo” permitió grandes avances en materia comercial y militar.

El Canal en si cruza prácticamente todo el país. Lo que se puede visitar son las Esclusas de Miraflores. La entrada para extranjeros tiene un costo de 15 dólares. Ahí, hay una sala de cine en la cual muestran un vídeo corto (hay en español e inglés) en el que cuentan la historia del mayor orgullo de Panamá. Literalmente, representa sangre, sudor y lágrimas.

Las filas de barcos para pasar por las Esclusas son kilométricas. Desde la Ciudad (que está a unos 30 minutos en carro) se les puede ver esperando su turno para poder pasar. Pueden demorar hasta dos días en la bahía para recibir la autorización.

Cada barco paga entre 100 mil y 350 mil dólares por cruzar el Canal. Todo depende de su tamaño, lo que transporten y su capacidad de carga, entre otros aspectos. De eso es que depende todo el gobierno panameño, por esos ingresos es que tienen la capacidad financiera para desarrollar proyectos como: las líneas 1 y 2 del metro de la Ciudad y la ampliación del Aeropuerto Internacional de Tocumen.

 

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El Aeropuerto de la Ciudad de Panamá está a unos 40 minutos del área hotelera. Ya no se da a basto. El hub de las Américas no tiene capacidad para mucho más. Por ejemplo, en la sala del Club de Copa (donde se acepta la Priority Pass), apenas encontré lugar para sentarme. No exagero, había decenas de personas de pie esperando a que se liberara una silla. Además, por otro lado, en el momento que estaba esperando mi vuelo de regreso, había unos cuatro vuelos más por salir (solo en la sección de la terminal donde me encontraba).

Luego de casi una semana en Panamá, me fui con una buena impresión. En general, es un país caro, pero es seguro y agradable a la vista. No obstante, no es un lugar al que iría de vacaciones, es más para hacer negocios.

 

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