Una pequeña crítica a la fotografía contemporánea

Siempre me ha gustado la idea de compartir historias, ya sea escritas, visuales, verbales. Tal vez por eso siempre quise ser fotógrafa. Siempre me ha gustado capturar lo que mis ojos ven: los tonos índigos, anaranjados y rosáceos con los que se viste cada amanecer y atardecer, la luz filtrándose traviesa a través del verde de las hojas, las luces de la ciudad al anochecer, un colibrí en pleno vuelo, la arquitectura de alguna obra histórica o la simetría de algún paisaje, personas.

Pero con cada día que pasa, y no es por sonar como Baby Boomer o miembro de la generación X, logró ver que las redes sociales han cambiado a la sociedad por completo, incluyendo el concepto de fotografía.

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(Cacacho, 2017)

Pasamos de evocar sentimientos a conseguir likes con mujeres bonitas o con jóvenes que siempre hacen la misma cara inexpresiva, modelos que recurren a la ya trillada pose de “una foto como si no me doy cuenta.” No pretendo pintarme como inocente, yo también he tomado fotos con ese único objetivo, pero he notado que las fotos ahora carecen de profundidad, de sentimiento, y todo se ha vuelto una superficial competencia de conseguir más seguidores. En las palabras de una amiga, muchos de los llamados “fotógrafos” en redes sociales, son más retratistas que fotógrafos.

Un ejemplo que es más de cuestiones personales es cuando me hallo evaluando a incluso ciertos fotógrafos de bodas, quienes recurren a fotos que se sienten artificiales, sobre-saturadas de color pero con emociones serias que se asimilan más a un retrato en blanco y negro. Fotos del ramo y del maquillaje de la novia, de las pequeñas damitas de flores en sus vestidos blancos, completamente perdidas en su única labor, pero muchas veces omiten a la pareja diciendo sus votos, no se ven fotos de las lágrimas que a veces derraman los novios, los padres, las abuelas, las tías…

Incluso, pasando a otra rama, las fotos de la naturaleza que tanto me gustan sufren de sobre-exposición y de ediciones con colorización antinatural. Los atardeceres se hallan saturados al punto de parecer más una obra de Andy Warhol que una foto naturalista. Y es difícil encontrar paisajes urbanos, especialmente nocturnos, que no recurran al usado en sobremanera efecto conocido como bokeh.

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(Cacacho, 2018)

Por supuesto que no estoy hablando de todos los fotógrafos, o incluso podría estar juzgando mal, considerando que lo que estos suben a su perfil es solo parte de una sesión, que solo escogen las fotos que vayan más con la estética ya anteriormente presentada.

Extraño poder ver fotos que me hagan sentir algo más; algo más que admiración por la belleza del sujeto al que se está fotografiando, algo menos banal y sencillo. No digo, “que dejen de existir los retratos, solo dedíquense al arte conceptual.” Pero hay retratos que dicen mil palabras, mientras que otros parecen susurrar y fallar en representar a la persona. Entiendo que es difícil, nuevamente porque tal vez son los clientes los que solo quieren “una foto en la que salga bien” para llegar y poder poner como foto de perfil en sus enésimas plataformas de redes sociales.

Sin embargo, no tengan miedo a innovar, a salirse de lo ordinario, a buscar nuevos ángulos. Salgan a buscar no modelos, sino historias, que las fotografías narren los guiones que ustedes escriben en sus mentes. Que haya movimiento, autenticidad, emoción. A veces los retratos más sencillos, una sonrisa auténtica, una mirada expresiva, lograr captar los colores de un atardecer, el movimiento del baile de una pareja en su boda, logran evocar más que cualquier filtro, airbrush o edición de más. Porque al final, la fotografía es más que la suma de sus partes.

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(Argüello, 2014)

Ya sé que muchos dirán que quién soy yo para hablar, que nunca he recibido ninguna clase de fotografía, que no entiendo de planos, paletas de color, encuadres, enfoques, que ni siquiera sé cómo funciona la apertura. Pues así como no se requiere ser artista para apreciar el arte, poeta para apreciar la poesía, escritor para apreciar la escritura, no se necesita ser fotógrafo para apreciar la fotografía. A la larga, la fotografía es arte; y, en mi opinión, muchos se han olvidado de que – en las palabras de Rainbow Rowell – “no se supone que el arte deba verse bonito, se supone que debe hacerte sentir algo”.

Créditos de fotografías: Ana Isabel Cacacho y Andrea Argüello.

Imagen destacada: Andrea Argüello.

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