Boston, Nueva Inglaterra

Aterricé en el aeropuerto internacional de Boston a eso de la 1 de la mañana. Este aeropuerto es reconocido, entre otras cosas, porque de ahí partieron los vuelos secuestrados que estrellaron en ambas torres del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001. Inclusive, hay un monumento en recuerdo de las victimas de los vuelos 11 de American Airlines y 175 de United.

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Aeropuerto Internacional de Boston Logan

Al salir de la terminal, empecé a preocuparme luego que dos conductores de Uber me cancelaran. Al fin, luego de unos veinte minutos, logré encontrar uno que sí llegara. Suleman, un paquistaní que llegó a EEUU gracias a que su tío reclamó a toda su familia me contó que para sus compatriotas era muy difícil obtener cualquier visado. Al comentarle de dónde venía, me empezó a preguntar si le recomendaba a un amigo de él llegar a Guatemala para cruzar la frontera ilegalmente. Después de explicarle lo peligroso que es y de recomendarle no hacerlo, me empecé a preocupar cuando me fijé que mi conductor le iba traduciendo mis respuestas a su amigo mientras le hablaba por teléfono a través de un audífono que no yo no había visto. Al final, llegué sano y salvo al hotel, pero me quedó esa mala sensación de no haber tenido el control sobre la situación, más aún siendo de madrugada en una ciudad que no conocía.

Por un momento, tampoco encontraba donde me iba a hospedar.  Pensé que había sido un error utilizar hoteles.com para realizar mi reserva. Gracias a la ayuda de dos estudiantes asiáticos que casualmente iban caminando por la calle, lo  logré encontrar ya siendo pasadas las 2 de la mañana. Hacía un frío terrible para ser principios de octubre (unos 8°) pero supuse  que era normal, pues nunca había estado en una latitud tan al norte del hemisferio.

Amanecí en el vecindario de Fenway. Lo elegí porque sabía que a pocas cuadras estaba Fenway Park, el estadio de los Red Sox de la Major League Baseball. Ah, y también porque encontré el hostal Fenway Inn by Found, el cual me costó US$ 40 la noche. Fue la opción perfecta, considerando que solo necesitaba donde dormir unas horas.

Caminando a Fenway

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Caminé un par de cuadras y llegué al monstruo verde, como se le conoce al Fenway. Aproveché que justo estaba saliendo una visita guiada. Por la módica suma de US$ 21, logré conocer los graderíos, los vestuarios y hasta la cabina de prensa. Soy fan desde los ocho años de los Red Sox, pues tengo muy presente cuando en 2004 rompieron con 86 años sin ganar la Serie Mundial. La maldición del bambino, como se le conoce a esta sequía, se desencadenó supuestamente cuando los Red Sox vendieron a Babe Ruth, su jugador estrella a los Yankees de Nueva York, su equipo archirival.

Fenway Sports Group no solo es propietario de los Red Sox, también lo son del Liverpool de la Liga Premier. Desde su llegada, el club de Anfield salió de sus deudas, se retomó el camino correcto contratando a Klopp y ya ganaron la Champions League hace unos meses, volviendo a la élite europea.

Uno de los aportes más grandes de los Red Sox hacia el Liverpool ha sido la implementación de sistemas de big data para elegir a los jugadores que se van a contratar. Esta forma de ojear futbolistas ya ha demostrado su éxito, sobre todo con la contratación de Mohamed Salah. En agradecimiento a tanto, me compré una gorra en la tienda oficial enfrente de Fenway con los logos de ambos equipos.

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Vestuario del equipo local
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Según el guía, estos asientos llevan 86 años instalados en el estadio. Se nota que el estadounidense promedio era mucho más pequeño en comparación al de hoy en día.

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¡Finalmente!

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Vista desde la cabina de prensa. Dependiendo la época del año, esos ventanales pueden abrirse

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Después de visitar Fenway, decidí que iba a conocer todo lo que pudiera caminando. Primero llegué a Community Boating, una corporación privada sin fines de lucro que busca facilitar el que las personas aprendan a navegar. Ahí mismo, a las orillas del Río Charles, se pueden alquilar veleros y kayaks. Estaba cerrado, probablemente por ser viernes a medio día, así que no hubo más caso que seguir caminando.

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Llegué al Boston Common, el equivalente al Central Park de Nueva York. Cerca encontré la casa del Estado de Massachusetts, el cual forma parte de la región de Nueva Inglaterra, también conformada por New Hampshire, Rhode Island, Vermont, Maine y Connecticut (seis Estados en total). Boston es la ciudad más grande e importante de dicha región.

Boston Common

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Cerca se encuentra la popular calle Beacon Hill, en donde pude constatar la herencia italiana de la ciudad, tras encontrar una numerosa cantidad de restaurantes de pasta y pizza, además de heladerías y cafeterías italianas. También fui a Newbury Street, calle con tiendas de ropa de lujo y uno que otro restaurante.

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Parque cercano a Newbury

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Estatua a George Washigton cerca de Newbury
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Newbury St.
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Newbury Street

Después de veinte kilómetros caminados, llegué al popular Quincy Market. Este mercado del siglo XIX es conocido por haber sido construido sin ninguna deuda bajo la administración del alcalde Josiah Quincy. En las ventas que hay hoy en día, se puede ver claramente la herencia irlandesa de la ciudad, pues buena parte de los souvenirs incluyen más de alguna referencia a Irlanda. Seguido también se encuentra el Faneuil Hall, reconocido por ser uno de los sitios donde Samuel Adams, Padre Fundador de los Estados Unidos, dio buena parte de sus discursos pro independencia de Inglaterra.

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Faneuil Hall en remodelación. Enfrente, la estatua a John Adams

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Fui a la estación de metro más cercana para que me acercara a Cambridge, área de Boston donde nos hospedamos con mis amigos las siguientes dos noches. Al visitar Boston, recomiendo usar Google Maps, pues los horarios para utilizar el subterráneo son bastante exactos. Después de casi perderme, logré tomar la línea verde que me llevó a las inmediaciones de la Universidad de Boston. Tras cruzar un puente sobre el Río Charles, encontré mi destino.

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Atardecer en Boston visto desde el puente de la Boston University

Noche en un bar del centro de Boston

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Guinness, la mejor cerveza del mundo

El primer día en Cambridge empezó con una caminata del Hyatt hacia el Massachusetts Institute of Technology (MIT), la cual es calificada por muchos rankings como la mejor universidad del mundo. Estuvimos en su museo, el cual muestra en su mayoría proyectos de robótica desarrollados por sus estudiantes y profesores.

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Edificio en el área del MIT

Museo del MIT

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Proyecto “Robotuna”

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Área de proyectos de navegación del siglo XIX en el Museo de MIT

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Harvard, la universidad con más egresados con Premios Nobel (160), ubicada a unas cuadras de distancia del MIT fue una experiencia que encontré mucho más interesante. Iniciamos por la reconocida Escuela de Negocios, para terminar, por casualidad en un partido de fútbol americano colegial entre Harvard y la Universidad de Howard (ubicada en Washington D.C.).

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Biblioteca de la Escuela de Negocios

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Al finalizar el partido, continuamos nuestro camino hacia la Escuela de Gobierno John F. Kennedy. A pesar de que Harvard es uno de los grandes centros del progresismo de izquierda internacional, cuenta con un Club Libertario. Pronto, esperemos que las ideas de la libertad lleguen a través de iniciativas como esta al área universitaria de Boston. Terminamos la visita en Harvard Square, particularmente en Mike’s Pastry, una cadena de pastelerías fundada en 1946.

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Leí una biografía de Kennedy hace unos años. A pesar de sus problemas de salud, nunca se rindió y realizó su campaña. De la época en la que los demócratas no eran socialistas.
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De Dalí, en honor a John F. Kennedy
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Vista de la Escuela de Gobierno

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De Harvard fuimos a la Cervecería Sam Adams, una marca insignia de Boston en honor a Samuel Adams. Lamentablemente, llegamos cuando ya estaba cerrado el tour, pero igual logramos probar algunos de los distintos tipos de cerveza que producen. En total, ofrecen más de veinte variedades distintas.

Esa noche fuimos a cenar al barrio chino. Fue una excelente decisión, pues el pollo a la naranja, el pollo con marañón y el arroz frito estuvieron muy buenos. Lo que me preocupó fue la inocuidad de los alimentos. Vimos en el menú que ofrecían rana. Le preguntamos al final de la cena a una de las meseras si las tenían vivas en el lugar. Con algo de duda o desconfianza, nos afirmó que “tal vez las tenían en el sótano”. Nos quedamos con la incertidumbre.

Me llamó mucho la atención ver banderas de la China continental y de Taiwán colgadas en el barrio. Resulta que el día nacional de ambos países es el mismo mes, por lo que las celebraciones a nivel mundial se realizan casi de manera simultánea. En lo personal, estoy convencido que lo mejor para Guatemala es mantener el reconocimento de Taiwán, pues la “ayuda” de China es cualquier cosa menos gratuita.

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Esa noche, descubrí que Lyft es más barato que Uber. Por lo menos en Boston, aunque seguramente en todo Estados Unidos, es mucho más recomendable utilizar Lyft, pues los viajes pueden ser hasta el doble de costos en Uber.

El último día fuimos a Chelsea, uno de los barrios latinos de Boston. Almorzamos en el Rincón Hondureño, donde no podíamos dejar de probar las baleadas. En la televisión estaban transmitiendo el partido de la NFL de los Patriotas de Nueva Inglaterra contra los Pieles Rojas de Washington. Mi sorpresa fue ver a tantos hondureños que cambiaron los goles por los touchdowns y a los equipos de Tegucigalpa y San Pedro Sula por el de Tom Brady y Bill Belichik. La asimilación cultural para muchos latinos es menos difícil de lo que algunos políticos quieren hacernos creer.

La tarde terminó entre una vista al puerto de la ciudad y la compra de llaveros y recuerdos en Quincy Market. Antes de partir rumbo al aeropuerto, nos tomamos una fotografía en Acorn Street, la calle más fotografiada en Boston. Lo único relevante, al parecer, es que mantiene su diseño original desde hace siglos.

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Downtown Boston

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Boston Harbor

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Acorn St.

Boston es una ciudad llena de vida, con mucha gente joven que está estudiando en la universidad. Su orden y limpieza, además de su gran cantidad de áreas verdes, la hacen una excepción para lo que usualmente se ve en las grandes ciudades. A pesar de no tener tanto lugar popular para los turistas, sus grandes centros académicos la hacen un buen sitio para visitar.

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Ciudad de Guatemala, capital centroamericana

 

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