El comercio no es solo para los ricos

Para bien o para mal, es un hecho que el comercio y la industria están ahora más que sujetos a las disposiciones gubernamentales para poder (o no) funcionar. Durante una crisis como la que estamos viviendo, puede ser aceptable que la actividad productiva tenga algunas restricciones para proteger la salud, sobretodo en un país como Guatemala, en el que no hay un sistema de salud robusto. Eso no significa que los límites a las libertades empresariales no tengan consecuencias negativas, yendo desde disminución de ventas para las empresas, hasta lo que afecta a más personas, un aumento drástico del desempleo.

Es cierto que el sistema de salud en Guatemala es muy precario, pero también es cierto que la economía no es mucho más desarrollada. Cualquier crisis económica o limitación para producir nos pone en un escenario poco alentador, ni se diga una de las magnitudes actuales, más aún si nuestro principal socio comercial es el mayor afectado. Por ello, así como no nos podemos dar el lujo de seguir estrategias como las de Suecia, tampoco podemos permitirnos el encerrar a todos en su casa. El fin de semana pasado es una muestra de cómo paralizar la economía puede afectar a un gran número de personas, sobre todo a los que viven de las ventas del día a día.

Lamentablemente, muchos han querido antagonizar las decisiones del gobierno bajo la falsa dicotomía en la que se asegura que a más libertad económica, menor interés por el bienestar de la salud. Los mayores defensores de esta creencia son una serie de políticos, los cuales, a diferencia de los comerciantes y los trabajadores, tienen asegurados sus cheques completos a fin de mes. Algunos de ellos, son miembros de un partido que ya gobernó hace no mucho, y que hicieron poco o nada, tanto como por la salud como por el desarrollo económico. Otro montón de ellos, que no entienden (o no quieren entender) de economía, y que dicen ser los defensores del pueblo y la justicia social, no se recortan sus jugosos sueldos ni los de sus asesores, mucho menos piden por la ayuda de las tantas ONG’s con las que simpatizan (las cuales han brillado por su ausencia en el último par de meses).

En lo personal, después de trabajar más de dos años directamente con pymes del sector comercial, estoy consiente que es una MENTIRA (sí, con mayúsculas) la afirmación que el comercio y la industria le benefician o le importan solo a los “ricos”. La mayoría de las empresas en Guatemala son pequeños negocios de buenos guatemaltecos que buscan superarse y mantener a su familia de una manera honesta. Estos pequeños negocios no solo representan ingresos para los propietarios, también son empleos que permiten a muchas personas tener un salario.

Los últimos meses nos han dado un “free trial”, al puro estilo de Spotify o Netflix, de lo dañino que puede ser para una economía estar permanentemente a merced de las decisiones políticas. Por el momento, algunas de las limitaciones pueden estar justificadas por ser tiempos excepcionales, mas debemos tener cuidado con creer que deben ser permanentes. Al final, el que intercambia incondicionalmente y sin límites su libertad por un poco de aparente seguridad, no merece ninguna de las dos.

La prueba gratis de la intervención en todos los ámbitos de la economía por parte del gobierno nos debe servir como recordatorio la próxima vez que un político nos asegure que este país no necesita más comercio sino solo más Estado. Por sorpresivo que a algunos todavía les parezca, esa ha sido la “receta” en muchos países no muy lejanos al nuestro. Negocios cerrados, restricciones a la movilidad diaria, desempleo incontrolable y la ansiedad que genera el depender de la voluntad de un político para poder generarse un ingreso es el diario vivir de los venezolanos y cubanos, por ejemplo. Sí, depender del mercado para ganarse la vida es difícil, nadie dice que no, pero depender exclusivamente de la voluntad arbitraria de un político para poder comer es mucho peor.

De nuevo, el comercio no es solo para los ricos, sino todo lo contrario. Por supuesto que las empresas grandes se benefician en estos momentos de abrir la economía, pero éstas son las mismas que podrían sobrevivir períodos de tiempo más extensos con límites estrictos. Los que más necesitan comerciar son las pequeñas empresas y los guatemaltecos que dependen de sus ventas diarias. Son muchos los empleos que ya se perdieron, otro montón están en riesgo. Nunca olvidemos que un empleo no solo es ingreso para poder vivir, sino también representa la libertad de depender de los políticos y la arbitrariedad de un ente planificador.  La salud es importante, pero la economía también lo es.

Imagen destacada: República GT

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