Guatemala como referente regional del cambio

Por Walter Bran

Desde el inicio de la coyuntura generada por el COVID-19 en Guatemala, hemos percibido cómo no estamos listos para enfrentar crisis inesperadas. Nos falta preparación en casi todos los niveles de la composición estructural del país: en lo político, en la administración pública, en lo económico y en lo social. Con escaso o nulo margen de maniobra, sin que eso justifique la constante improvisación en el manejo de la situación, el Gobierno ha intentado hacer frente a la coyuntura. Teniendo en cuenta la nefasta administración pública que Guatemala ha tenido por décadas, podíamos prever el colapso del sistema de salud ante cualquier amenaza como la que enfrentamos ahora. Como ciudadanos nos toca fiscalizar a nuestras autoridades en todos sus niveles (incluye a la Presidencia, Ministerios, Secretarías, Congreso, Municipalidades y demás entes de lo público).

Sin embargo, mientras el Gobierno intenta afrontar las consecuencias del COVID-19 y todo el despilfarro presupuestario de las administraciones anteriores, en la sociedad civil nos toca despertar y aceptar que estamos ante un cambio definitivo e inesperado de la realidad. En el entendido que los patrones de comportamiento y los hábitos de consumo ya no serán los mismos, las empresas deben estar conscientes de la cantidad de cambios que habrá, especialmente en la forma en la que compramos. Derivado de las distintas disposiciones presidenciales en aras de contener la propagación del virus, hemos percibido como el comercio electrónico logró posicionarse como una alternativa atractiva al modelo tradicional de compras.

Como consecuencia de ese repentino y obligado cambio en los canales de consumo, la saturación de las páginas de internet de distintos comercios es latente, así como el colapso de los canales de distribución de estos. Y es que el comercio electrónico en América Latina es inmaduro, comparado con Estados Unidos, China, Europa, entre otros. Eso no quiere decir que no se pueda considerar a la coyuntura como un catalizador de la consolidación del comercio electrónico en la región. En el 2003 Alibaba, uno de los gigantes mundiales en materia de compra y venta en línea, reportó 50% de crecimiento en sus operaciones en China, como consecuencia de la propagación SARS.

¿A dónde vamos con esto? Es tiempo de aceptar que el comercio electrónico debe ser acuerpado por políticas públicas y legislación, robustas e innovadoras. Y sí, aunque quisiéramos un escenario más esperanzador en ese sentido, Guatemala tiene un sistema de derecho positivista y debemos saber nadar en ese mar. El comercio electrónico es tan amplio y diverso que requiere el involucramiento de muchos actores de lo público y privado, quienes deben responder a las demandas de los consumidores: desde la ciberseguridad, protección de datos, protección del consumidor, conectividad, hasta los métodos de pago y logística de entrega adecuadas. Lo anterior requiere trabajo en equipo de autoridades en materias de gobernación, economía, monetaria, telecomunicaciones y sus contrapartes en lo privado. Un conjunto de leyes, políticas públicas, empresarialidad y emprendimientos orientados hacia la innovación y fortalecimiento del comercio electrónico podrían generar un ambiente propicio para la inversión y la generación de empleo como nunca antes. Ya existen muchos esfuerzos por lograr impacto, tanto en lo público como en lo privado, pero ahora es que se deben orientar esos esfuerzos hacia resultados en el corto y mediano plazo.

Guatemala ha logrado superar muchas pruebas a lo largo de los años, desde dictaduras desastrosas del Siglo XX, el Conflicto Armado Interno y un sinfín de desastres naturales que han devastado la economía y no han permitido la cohesión social que, como sociedad, requerimos para salir adelante. Es momento de aprender de los errores, de buscar puntos en común y no fomentar la polarización. Guatemala tiene por delante una gran oportunidad para ser un referente regional en lo socioeconómico. El guatemalteco tiene la capacidad de innovar, de demostrar que un país pequeño logró aprender a vivir con el COVID-19 y sacar lo positivo de lo adverso.

Ningún país del mundo estaba preparado para afrontar una crisis de salud de tal magnitud. Una crisis que a medida que crece, ha impactado en la economía formal e informal, además de la creciente polarización social. En Guatemala, se han desnudado todas las fallas de las últimas décadas. Ahora es el momento de aprender que no podemos seguir en una dinámica conformista y mediocre de sobrevivencia. Los guatemaltecos debemos analizar en que estamos fallando como individuos y buscar la excelencia, solo así podremos mejorar como sociedad. Afrontamos uno de esos eventos catalizadores del cambio, pero debemos aceptar y trabajar en ese proceso de cambio para que los resultados de la adaptación sean sobresalientes.

Walter Bran es Internacionalista con especialización en Comercio Exterior de la Universidad Francisco Marroquín. Le gustan los deportes, la buena música y la cerveza fría. Tw: @walter_b_c

Imagen destacada: Pixabay, Victor Leal

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