Mediterráneo

No sé cuándo fue la última vez que me tomé el tiempo de escribir un poco sobre lo que estoy pensando o viviendo. Me he alejado de hacerlo por inercia de la vida. Sin embargo, aquí estoy hoy, con el tiempo y la inspiración. No es que no me guste escribir; al contrario, sigue siendo de los pasatiempos que más me gratifica, pero lo que si me ha sucedido últimamente es que mi público se redujo, por elección propia, a mi esposa Gabriela. Ella es la única que desde hace un tiempo a hoy ha leído algo que escribí. La última vez fue nuestro primer aniversario de casados. Hoy, escribo sin saber exactamente para quién… tal vez para mí.

Caí en cuenta que hace más de 4/5 años escribí sobre la decisión que hasta ese momento había sido la más difícil de mi vida: irme de Guatemala a Nicaragua a trabajar y vivir solo. En ese pequeño escrito usé de referencia a Cristóbal Colón y cómo había descubierto América por accidente… ahora yo, estoy en Italia, el país de donde era originario Colón, vaya coincidencia.

Con los años me he dado cuenta de que, a pesar de nuestro libre albedrío, las cosas pasan por algo; uno llega a un lugar, situación o persona por una razón en específico por cliché que se lea. Mi ida a Nicaragua tuvo muchas razones de ser, por ejemplo, y, sin lugar a duda, la más importante fue que encontré a Gaby, el amor de mi vida, o tal vez nos encontramos los dos. Luego, con el peso del tiempo y las circunstancias del momento, nos vimos empujados a tomar la decisión de iniciar vida lejos de nuestro tan amado país Nicaragua.

Esta fue la segunda decisión más importante que he tomado hasta el momento y con seguridad digo que se convirtió en la más difícil. La gran diferencia entre ambas es que cuando me fui a Nicaragua, estaba a 735 kilómetros de mi familia y mis amigos. Eso sí, mis papás estuvieron en cada paso que di, me pude llevar la mayoría de mis cosas, llegue a una casa preparada para mi estadía, tenia trabajo y la cultura era prácticamente la misma. No obstante, me fui solo y las grandes dificultades estuvieron en la soledad y la angustia. Ahora, en mi venida a Italia, fue diferente porque vine con mi esposa, mi hermano y su familia. Las dificultades del primer viaje desaparecieron, pero ahora estamos a 9850 kilómetros de nuestras familias, apareció la desesperación, el temor, la incertidumbre, aquí no pude traer casi nada de mis cosas, no conocía el territorio, ni el idioma, ni la cultura, no me esperaba una casa y tampoco un trabajo.

Si soy honesto, hubo muchas dificultades al inicio, y algunas otras que aún no se desvanecen. Cada situación presenta su dificultad. Cada decisión, tiene una consecuencia. Y a la vez, entre más grande sea la magnitud de una decisión, así de grande serán también los retos y dificultades, pero la satisfacción y el logro será mayor.

En el primer escrito me atreví a hablar de mi vida como que fuese un viaje en barco. Yo en lo particular no tengo ningún interés en los barcos o cualquier cosa relacionado a la mar, pero si estoy seguro de que la inmensidad del mar me recuerda un poco a la vida porque, por mucho que nos adentremos a quererlo conocer y predecir, su inmensidad es tal que no es posible, justo a como es la vida. Siempre seremos solo pasajeros en nuestro barco andando con un rumbo en concreto. No importa que barco sea, o de que material sea, o que tanto sepamos, lo más importante es agruparnos con las personas adecuadas para enfrentar las adversidades que se presenten, pero eso sí, con la mejor actitud posible. Sin estos dos puntos vitales no avanza ningún barco, pero si se tiene ambas, no hay tormenta -aunque sea mortal- que no resulte navegable.

Ahora seguimos aquí, en el Mediterráneo, descubriendo Europa, y a la inversa de Colón y la fila de españoles que llegaron detrás de él, no buscó colonizarlo o conquistarlo… simplemente aprovechar la oportunidad que tengo aquí para re descubrir mi propósito al lado de mi familia.

Seguiremos navegando, seguiremos luchando. La mar es grande, bella y a la vez tormentosa. Hoy más que nunca estoy agradecido de los que están conmigo, ya sea de lejos o de cerca, porque sin mi familia y amigos, las cosas serian difíciles: como naufragar en un pedazo de tabla o navegar sin un horizonte o siquiera una estrella a la cual seguir.

Link a la continuación del primer artículo.

Link a la continuación del segundo artículo.

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